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Hola soy Pame Macchetto y tengo depresión:

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La decisión más difícil que he tomado en la vida ha sido la de elegir vivir. Para mí, no ha sido sencillo esto. 

¿Qué puedes hacer cuando lo que más deseas en este mundo es simplemente no existir? Esa es la manera linda de decir que me quiero suicidar. ¿Qué haces cuando estos pensamientos te acosan día y noche, día y noche? Ojalá me dejaran en paz, pero es chistoso, mi cabeza no funciona exactamente así, no se está quieta, siempre anda dando vueltas. Me distraigo realizando diversas tareas, por ejemplo: trabajando, viendo series o leyendo (me apasiona la lectura y puedo leer hasta 4 libros en un mes), pero, en realidad, estos pensamientos nunca dejan mi cabeza; cuando dejo el libro sobre el buró, cuando voy de camino a mi casa mientras manejo, resurgen. Son como el agua; llenan cada resquicio de mi mente. Son curiosos, tienen cualidad de Dios; son omnipresentes, es difícil callarlos. Me han dado trucos para hacerlo, y sirven por un rato (sí los llevo a cabo, no hago trampa), sin embargo, al final, terminan por no ser efectivos. Como dice la canción “Can you feel my heart” de Bring me the Horizon: “I can’t drown my demons, they know how to swim”.

No es que me asuste la muerte en sí, sería la manera sencilla de callar los pensamientos, esa nada que me lograría dar la paz que tanto ansío. La paz que no he logrado tener. Esa sería la salida fácil. Porque me moriría y todo terminaría… Pero no es cierto, para mí y solamente mí, sí terminaría. No creo en el más allá y shalalá, no creo que nadie me castigaría si lo hago. Sólo que sería el punto final de mi historia y no puedo hacerle eso a mi familia. Me tortura el pensar lo mucho que se culparían si yo llevara a cabo mi plan. Me llena de un pesar abrumante lo triste que se pondrían, porque lo sé, tengo a la mejor familia. Somos muy unidos todos, mi muerte los llenaría a ellos de pesar y a mí de paz. Si pudiera pensar solamente en mí, la elección sería tan fácil que la habría tomado hace mucho tiempo. 

Es por esta razón que para mí el elegir la vida es lo difícil. La idea de la muerte es tan seductora. Es que además cuando no eres malo (como yo) y mueres te recubre un velo, te vuelves la mejor persona del mundo. Cuántas veces no hemos ido a los velorios para terminar oyendo que la persona fallecida es, en realidad, mejor de lo que fue en vida. La gente se vuelve más noble, más entusiasta, ponle tú la cualidad, ¡vaya! Los revisten de una película en la que los elevan de categoría. Se convierten en mejor hermano y se olvida lo malo de la persona. Sus errores pasan a segundo plano. Supongo que es parte del ser humano recordar lo bueno de la persona fallecida, ¡qué horror recordar lo malo! Sin embargo, aunque no somos perfectos, la muerte nos acerca más a la perfección.

Y, si eres un perfeccionista como yo, es realmente seductora esta idea. 

Quisiera decirles que ya encontré la cura a mis pensamientos, pues, hasta cierto punto, han disminuido. Pero voy a confesar lo que ni siquiera a mi psiquiatra ni a mi  psicólogo le digo: sigo pensando que el suicidio, sí, el suicidio, es mi mejor opción.

¿Qué les puedo decir? Me he vuelto tan buena fingiendo: “Todo va súper, ya no tengo pensamientos suicidas, sí, empecé a hacer ejercicio, estoy saliendo más con mis amigos, mira, sigo comiendo lo mismo, duermo perfecto, vaya, mis 8 horas diarias, en el trabajo voy bien, ¿con tu familia? ¡Perfecto!”. ¿Qué pensarían de mí si supieran que no todo es cierto? ¿Por qué miento y respondo lo que quieren oír?

¿Qué dirían los especialistas si me leyeran? Me sorprende que no se hayan dado cuenta, no creo ser tan buena actriz; sin embargo, tampoco son magos y si yo no hablo, no lo notarán. Claro que ahorita voy bastante bien, en realidad, solamente son los pensamientos suicidas los que no me dicen adiós.

Sé que estos pensamientos suicidas  son sólo una de las caras de la enfermedad que tengo, ya que esta tiene diversos síntomas y se manifiesta diferente en cada persona, pero era la que más me torturaba a mí, y la que a veces todavía lo hace. Creo que para mis familiares eran más angustiosos otros síntomas, como la pérdida de peso o el estado de ánimo deprimido, pero, para mí, la parte más fea de la enfermedad es lo antes escrito: los pensamientos suicidas recurrentes y en loop, haciendo imposible, en algunos momentos, dejar de pensar en ellos y concentrarme en algo más. Cuando me acosan, me hago un ovillo en mi cama y lloro sin parar. Me duelen tanto estos pensamientos que agotan mis lágrimas y fuerzas, que hacen la carga de seguir cada vez más pesada y me hacen sentir cada vez más triste y sola.

Sí, yo tengo depresión, una enfermedad que creo la gente (a menos que tengas depresión severa) toma a la ligera. Es tan común oír decir: “¡Ay!, estoy deprimida”. Cuando la realidad no es esa. Cómo me dan ganas de decirles: “¡No!, no estás deprimido, estás triste”. Por ejemplo, cuando estamos tristes, podemos pensar en terminar con nuestra vida para que el sufrimiento cese, sin embargo, no son pensamientos súper recurrentes; en cambio, con la depresión (en algunos casos, no todos tienen pensamientos suicidas como yo), este tipo de ideas nos consumen todo el tiempo, y es muy probable que tengas un plan, el cual, puede suceder, lo lleves a cabo. 

Siento que, a menos que tengas un familiar o amigo cercano padeciendo esta enfermedad, no mides su alcance. Es como si te dieran a elegir entre dos enfermedades mentales a tener, probablemente la depresión no suena tan mal, ¿no? No obstante, es una enfermedad terrible y no debe tomarse a la ligera, ya que puede cobrarse vidas. Quiero lograr transmitir lo que para mí ha sido vivir cerca desde 2011 con depresión. Los sentimientos y pensamientos que rondaban mi mente. El cómo vivo mi enfermedad, cómo lidio con la misma.